Historia de Lucía

Mi nombre es Lucía Verdasco, nací prematura seismesina el día 6 de octubre de 1991 (hace 27 años), con 26 semanas y un peso de 928 gr de los cuales perdí y me quedé en 760 gr. Fui prematura porque a los seis meses mi madre tuvo una rotura en la bolsa, que el ginecólogo no fue capaz de ver en las radiografías; eso coincidió con que además mi madre tenía una infección en la orina, por lo la mandan pastillas para la infección y, como aparentemente no había nada más, la mandan a casa…

El problema vino a los dos días cuando ya la bolsa se vació del líquido amniótico que me protegía y mi madre se puso de parto repentinamente en casa.

Yo tendría que haber nacido en una clínica en Madrid centro pero como el día en que nací coincidía con las fiestas de Las Rozas en Madrid, había mucho tráfico y también mucho tráfico en la A-6 para llegar a Madrid, así que me llevaron al primer hospital que pillaba cerca que era el Hospital Sanitas La Zarzuela de Aravaca, donde, por aquel entonces, no había ni departamento de neonatología ni de partos, pero por suerte el médico que estaba de guardia era un ginecólogo (que a raíz de ello se convirtió en el ginecólogo de mi madre). Como tenían que trasladarme a otro hospital, me trasladaron al Hospital 12 de Octubre, allí estuve 2 meses en la UCI y un mes en incubadora. Mi pronóstico era de un 20% de expectativas de vida, que a mis padres les pareció un porcentaje muy alto, estuve entubada y con respiración asistida un mes, cuando esto se soluciona tuve las típicas operaciones que les hacen a muchos prematuros como la del “ductus”, una válvula del corazón, y también el estrabismo en los ojos, pero que se me solucionaron sin necesidad de intervención.

Cuando todo parecía maravilloso, mis padres llegaron al hospital un día y me encontraron de nuevo con respiración asistida y con un aspirador porque no reaccionaba, estaba muy mal. Hasta tal punto, que los médicos prefirieron mandar a mis padres a casa porque no creían que sobreviviese… Pero se solucionó y el problema fue de un moco seco que se me había quedado pegado en el pulmón que me impedía respirar y por lo que me estaba ahogando poco a poco.

También debe ser que posiblemente yo necesitaba tocar fondo para poder subir con mucho impulso porque a raíz de aquello todo fue muy favorablemente: me quitaron la alimentación por sonda nasogástrica (el comer por la nariz a través de una gomita) y me sacaron de la UCI tras dos meses para llevarme al «nido“, una cuna normal.

Allí estuve otro mes hasta que ya conseguí un peso de 2.200 gr (mi madre incluso podía darme biberones) y finalmente poco después ya me dieron el alta y pude irme a casa.

Como tuve sufrimiento fetal por la pérdida de liquido amniótico, tuve un derrame cerebral en el lado derecho del cerebro que afortunadamente se me reabsorbió y solo me afectó a nivel motor en mi lado izquierdo del cuerpo (el cerebro va cruzado), por lo que tengo un pie izquierdo equino que me operaron con cuatro años, y la mano izquierda con una leve espasticidad. También tengo una afonía crónica que se debe a que mi laringe no pudo terminar de desarrollarse… pero como yo siempre digo, mi voz afónica es mi marca personal, me hace especial.

He estado yendo desde que nací a muchos fisioterapeutas y ortopedas. Pero lo que realmente me ha permitido mejorar exponencialmente ha sido hacer mucho ejercicio.

Porque aunque me operaron con 4 años de pie equino y la operación fue un éxito, mi pie izquierdo no terminaba de plantarse totalmente con los dedos en el suelo, se ladeaban hacia dentro, y por lo tanto, cuando caminaba eso se apreciaba bastante, y por miedo a que diez años después terminase con los dedos deformados y con problemas en las rodillas, me propuse intentar mejorar y cambiarlo.

Comencé a los 16 años a hacer mucho ejercicio diario en una bicicleta estática además de otros ejercicios en los que mi madre me ayudaba. A día de hoy, después de once años puedo plantar el pie izquierdo perfectamente en el suelo incluidos los dedos y eso para mí ha supuesto un gran logro y una mejoraría muy importante a nivel de autoestima y físico/estético. Por supuesto nunca podré dejar el gimnasio, va incluido en mi rutina diaria de manera constante y eso me ayuda sobre todo a mantenerme, que es algo fundamental.